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Nombre: José Ernesto Becerra Golindano
Ubicación: Táriba, Táchira, Venezuela

Blog elaborado y/o administrado por este Licenciado en Educación, mención Ciencias Sociales (UCABET, 1979), residenciado en Táriba, Municipio Cárdenas del Estado Táchira, en la República Bolivariana de Venezuela. Carrera 5 Nº 5-30, Tlfs. 0424 753 4227, y 58-276-3943720. joseernestobecerra@gmail.com y en twitter @joseernestob

20060322

CONGRESO INTERNACIONAL:

ESCRITURAS SILENCIADAS EN LA ÉPOCA DE CERVANTES. ALCALÁ DE HENARES

29 NOVIEMBRE-1 DICIEMBRE 2005

Ponencia:

CONCIENCIA HISTÓRICA A PROPÓSITO DEL BIBLIOCIDIO

EN EL AÑO CUATRICENTENARIO DEL QUIJOTE

Pascual Mora-García

ULA-Táchira

Academia de la Historia del Táchira-Venezuela.

RESUMEN

En el presente trabajo queremos presentar una performatividad de cultura silenciada: el bibliocidio. Hay dos formas de contar la historia de un libro, en este caso nos referimos al Libro Becerro de La Grita, fuente documental perteneciente al Archivo Histórico de La Grita, en el Estado Táchira-Venezuela. La primera contendría los avatares, singularidades, formas y atributos de su condición física. La segunda estaría fundamentada, como diría Borges, en las distintas valoraciones que ha recibido el libro como tal. En nuestro caso intentamos abordarla en su doble dimensión para presentar el Bibliocidio que ha sufrido esta joya de la memoria, en sus dos dimensiones, en la dimensión física pero también en la dimensión espiritual; pues, representa la compilación de la memoria histórica de un pueblo, y la única joya que conservábamos en la misma grafía que Cervantes escribió el Quijote. Hemos perdido una de las potencialidades que traspasa al libro, una memoria que se filtra a lo largo de todas las páginas, Aún deshaciéndose, su esplendor sigue emitiendo aquellos signos originarios transcritos con lentitud y silencio. Al mismo tiempo, queremos significar la importancia del cultivo de la conciencia histórica, en esta era súper-industrial, especialmente desmemoriada, en la que la historia pareciera que quedara relegada a un fetiche; porque como dijera el maestro Marc Bloch: “hay que estudiar la historia, el presente por el pasado y el pasado por el presente.”

Palabras claves: Bibliocidio, historia, cultura silenciada

“No es tolerable la sustitución de los sueños del Quijote por el ronquido de Sancho Panza.”

Mario Briceño-Iragorry, 1956)

Introducción.

En Venezuela ha sido Mario Briceño Iragorry (1897-1958) uno de los historiadores que más nos recordara la falta de conciencia histórica. En Mensaje sin destino (1951) nos alertaba que “creo haber escrito en alguna oportunidad que Venezuela, pese a su historia portentosa, resulta desde ciertos ángulos un pueblo anti-histórico, por cuanto nuestra gente no ha logrado asimilar su propia historia en forma tal que pueda hablarse de vivencias nacionales, uniformes y creadoras.” (Briceño-Iragorry, 1972: 32-33)

Esta advertencia quizá explique algunos de los acontecimientos que vive Venezuela en los últimos años. En particular, resulta una paradoja que en el año cuatricentenario de la publicación de la primera parte del Quijote sucediese el bibliocidio mayor, de la única pieza escrita en su lengua vernácula que conservábamos en la región andina tachirense desde el siglo XVII, el Libro Becerro de La Grita (1657-1829), que se encuentra formando parte del Archivo Histórico de La Grita, Tomo VII, legajo único.

El Libro Becerro de La Grita “es una reunión de manuscritos cosidos que suman aproximadamente 260 folios de papel y tinta, con cubierta de tela muy gastada por el tiempo (…) Este Libro Becerro que como material documental es de inestimable valor para la reconstrucción y comprensión histórico-social en general, y en particular, para la demarcación político-territorial y el estudio de la formación de la propiedad agraria -privada y pública –en la ciudad de La Grita, en el municipio Jáuregui y en toda la zona norte del estado Táchira.” (Lugo, 1997: XXI-XXII) El Archivo Histórico de La Grita reposa desde 1947 en el Registro Civil de San Cristóbal, que fue el lugar donde se perpetró el bibliocidio.

Sin duda podemos decir que fue destruido, en parte, el libro arquetipal de la cultura gritense, y base documental fundamental para entender la evolución político territorial de la cultura tachirense; “todas las características sitúan al Libro Becerro en el estrato de las grandes representaciones colectivas, lo convierten en un monumento histórico: por eso es el Gran Libro de La Grita.” (Lugo:1997:XXIII). Porque fue la Gobernación de La Grita y Cáceres el primer antecedente de dominio jurídico-administrativo, en la colonia, del espacio geohistórico creado como Provincia del Táchira en 1856.

Podemos identificar siete etapas antes de ser declarada la Provincia del Táchira:

1. Gobernación del Espíritu Santo de La Grita (1575-1608), con la Grita como capital; 2. Corregimiento de Mérida de La Grita (1608-1625), con Mérida como capital; 3. Gobernación de Mérida de La Grita (1625-1681), con capital Mérida; 4. Gobernación de Mérida, La Grita y Maracaibo o de Mérida de Maracaibo (1681-1810), con sede en Maracaibo; 5. Gobernación de Maracaibo (1810-1821), también con sede en la misma ciudad. 6. Gobernación de Mérida, con capital Mérida (1830), y 7. Provincia del Táchira, con capital San Cristóbal (1856).

Para este estudio es fundamental el Libro Becerro de La Grita, porque los litigios por la “dinámica histórica y por las demarcaciones y divisiones político-territoriales a que ha sido sometido el espacio geográfico en referencia –la jurisdicción de la antigua ciudad de la Grita- forma parte del territorio político de varios estados (los pueblos de Guaraque y Bailadores pertenecen hoy al estado Mérida; parte de la zona sur del lago de Maracaibo pertenece al estado Zulia y toda la zona norte del estado Táchira está dividida hoy en varios municipios.)“ (Lugo, 1997:LXXII)

I Parte.

El Bibliocidio en tiempo del Quijote y la analogía con el Libro Becerro.

No son pocos los episodios que recuerdan la historia en donde se haya mancillado la majestuosidad de la obra impresa, en el siglo XX se recuerda en especial, la noche de la quema de los libros escritos por judíos (1933) y la llamada “Noche de los Cristales”, conocida también como el Holocausto de los Libros (Munich,1938). Pero la narración pionera del bibliocidio en lengua castellana nos las proporcionó Miguel de Cervantes en el Quijote. La historia del mnemocidio cultural es narrada por Cervantes en el Capítulo V y VI, a propósito de “Donde se prosigue la narración de la desgracia de nuestro caballero”, y el "escrutinio que el cura y el barbero hicieron en la librería de nuestro ingenioso hidalgo", en donde fue sacrificado un centenar de libros por ser considerados "descomulgados libros…que bien merecen ser abrazados como si fuesen herejes." (Cervantes, 2004: 59)

Durante algún tiempo se pensó que los libros contenían espíritus malignos y que infundían maldad, esa impronta medieval fue heredada y recreada por Cervantes magistralmente. La biblioteca de don Quijote tenía una cantidad de cien libros, que para la época era considerable, formada por tres núcleos principales: libros de caballerías, novelas pastoriles y poesía heroica. La obra de fecha más tardía es El Pastor de Iberia, publicada en 1591; y es posible que los primeros capítulos del Quijote se escribieran en ese año. La locura de don Quijote fue atribuida a los libros, por eso fueron incinerados, y clausurada la sala de los libros: “¿Qué aposento o qué nada busca vuestra merced? Ya no hay aposento ni libros en esta casa, porque todo se lo llevó el mismo diablo.” (Cervantes, 71)

Hoy debemos confesar que el Santo Oficio de la Inquisición no ha muerto en el Estado Táchira, República Bolivariana de Venezuela, simplemente somos más certeros, y hemos especializado la pira; ahora no los quemamos sino que mancillamos su textura y aroma con revestimientos de polietileno. Esta precisamente ha sido la denuncia oficializada por la investigadora Yariesa Lugo Marmignon, (ULA-Táchira) quien ha dedicado más de 20 años de su vida a los estudios filológicos y diplomáticos sobre esta joya de la memoria de la humanidad. Referente al Bibliocidio cometido contra el Libro Becerro de La Grita es conveniente decir que contiene documentación histórica, de primera mano, desde el año 1657 hasta 1829. El bibliocidio puede evidenciarse en particular por los tres aspectos siguientes: “ a) el descuadernado o privación de su cubierta original que estaba elaborada en yute (tejido muy sólido de materia textil suministrada por las fibras de una planta de la India) y que fue desprendida y desaparecida y sustituida por unos groseros cartones forrados en percalina azul petróleo; b) sus vetustos folios manuscritos, verdaderas obras de arte en papel, que formaban un Tomo (el Tomo VII, legajo único,1657-1829, del Archivo Histórico de La Grita) fueron descosidos, es decir, desagregados de su amarre original y retocados –maltrechos y abofeteados- con polietileno (material plástico incompatible con el papel artesanal); C) finalmente, fue escindido y reorganizado en tres carpetas de tamaño infolio” (Lugo, 2005)

El trabajo de Yariesa Lugo Marmignon nos anuncia la historia de un bibliocidio, para significar que no ha sido una casualidad, sino que la obra ha sido sometida “sobre un sumario de manipulaciones y contrahechuras y mutaciones intencionadas (falseamiento documental) del que ha sido objeto el Libro Becerro en umbrales de tiempo (temporalidad) desde finales del siglo XVIII y a todo lo largo de los siglos XIX y XX, cuando han buscado metamorfosear radicalmente el corpus documental en su contenido, su significación y su valor jurídico a través de a) transvaloraciones (la interpretación a mal hacer –intencionada- del documento público o Contrata de Poder firmado en 1657 como un título de propiedad territorial municipal), b) interpolaciones (inserción, en copia o compulsa del documento mencionado efectuada en 1878, de un pasaje que refiere unos supuestos límites de los términos y jurisdicción de la ciudad colonial, un título inventado y la omisión de la letra “l” en la palabra traslado para hacerla parecer como trasado), c) textualizaciones exitosas (o la difusión del documento falseado en impresiones manuscritas y editadas –seguramente para legalizar e institucionalizar la propiedad de un extenso territorio de tierras de propios-), y d) finalmente, cartografiando del pasaje interpolado? ¿enmascarar los originales u hojas sueltas.” (Lugo, 2005)

Con el trabajo de la profesora Yariesa Lugo Marmignon (Profesora Titular de la ilustre Universidad de los Andes-Táchira) queremos puntualizar que no sólo necesitamos una historia erudita sino además una historia crítica.

II Parte.

La performatividad de la Cultura silenciada.

Debo recordar que esta tendencia peligrosamente se generaliza, hace un año manifesté mi nota de protesta cuando se vulneró la estatua del admirante genovés Cristóbal Colón, en la Plaza Colón en Caracas-Venezuela. (Cfr. LA SEGUNDA MUERTE DE COLON O REGRESO AL TIEMPO DE LAS TRIBUS) en Diario La Nación. y Diario Católico. Al efecto reproduzco mi nota por ser un testimonio también del mnemocidio, y porque allí se manifiesta la lucha permanente del oficio del investigador por la memoria historia. Veamos: “Un lector no avisado, pudiera pensar que estamos refiriéndonos al tiempo histórico del llamado "Descubrimiento." Pero no es así. El tiempo de las tribus al que nos referimos es al actual. Sí, justamente así lo bautizo el sociólogo francés Michel Maffesoli (1990) cuando escribió EL TIEMPO DE LAS TRIBUS, afirmando que "a diferencia del proletariado o de otras clases, la masa, o el pueblo, no responde a una lógica de identidad; sin objetivo preciso, no es el sujeto de una historia." Y eso fue lo que demostramos ser los venezolanos el pasado 12 de octubre al derribar la estatua del Admirante Cristóbal Colón. Que sea el símbolo del Descubrimiento o del Encuentro de Dos Mundos, es un problema de interpretaciones no siempre bendecidas por la neutralidad ideológica. Lo cierto es que Cristóbal Colón forma parte de nuestras representaciones como pueblo. Somos un pueblo mestizo, pluricultural, y cosmopolita. Por alguna razón, Venezuela es el país más cosmopolita de América Latina. Demostramos tener una cultura de ghettos, impregnada de fundamentalismos políticos y religiosos tan ajena a nuestra historia. Los venezolanos siempre fuimos solidarios, hospitalarios, y benevolentes con el extranjero. Siempre fuimos esa Tierra de Gracia que acogió al recién llegado, pero hemos dejado despertar en las oscuridades del inconsciente colectivo a TANATOS: el instinto de muerte y destrucción; y ahora nos la avemos con hordas desenfrenadas que claman sangre y revanchismos históricamente superados. Hemos confirmado una vez más la hipótesis que vaticinara sobre nuestro destino como pueblo el gran Mario Briceño Iragorry, cuando nos anunciaba como un pueblo anti-histórico, en el que no tenemos primer piso, una cultura montada al aire. Pareciera que sufrimos la SEGUNDA MUERTE DE COLÓN, esa muerte que asusta a todos, cual es, la muerte del símbolo. Una interpretación sesgada de la historia., no menos ideólogizada que la anterior que negó la herencia indígena, pretende despachar a Colón al lugar de la "chatarra". Pero resultaría irresponsable no levantar la palabra en este momento para recordar una vez más que somos hijos del mestizaje, y que no tiene sentido despertar luchas fundamentalistas. Que en todo caso, si debiéramos implorar alguna celebración sería el DIA DE LA RESISTENCIA MESTIZA. Esa sería nuestra lucha histórica de hoy frente al mundo GLOBALIZADO.”

Igualmente he manifestado mi inconformidad cuando se manipula el imaginario social bolivariano, porque Bolívar no es el hombre que existió históricamente, sino que ha pasado a formar parte del cemento fundacional de la patria, y en ese sentido, es un imaginario colectivo que debe respetarse y no ser administrado políticamente para manipular a las masas. (Cfr. LA TERCERA MUERTE DE BOLÍVAR, en Diario La Nación.) En su momento expresaba mi descontento así: “Hace algunos años José Luis Cordeiro, publicó un libro intitulado La Segunda Muerte de Bolívar, para referirse a la depreciación paulatina de la moneda venezolana y sus implicaciones en lo social. Hoy nos atrevemos a señalar que si no utilizamos con racionalidad el símbolo de la venezolaneidad, nos convertiremos en los protagonistas de la Tercera Muerte de Bolívar. Quizá la más dolorosa, más fuerte que la física y más sentida que la económica. La muerte del símbolo es más profunda que la muerte física, pues ésta, al fin y al cabo, es una realidad que padece el existente; que como el agua para poder purificarse tiene que subir al cielo. El haber expuesto a Bolívar al “manoseo” público, y al utilizarlo para profanar la dignidad humana en su nombre, estamos destruyendo a Bolívar como el símbolo de la venezolaneidad. Bolívar es el símbolo de todos los venezolanos y no el de un sector de la población. Las Cruzadas y la Inquisición fueron movimientos de intolerancia religiosa que lamentamos; esperemos que en nuestro tiempo las organizaciones que se precien de llevar el nombre de Bolívar no lo utilicen como Cruzadas Bolivarianas, y menos, como Tribunales de Inquisición Bolivarianos. A menudo encuentro expresiones de venezolanos que me han manifestado: “me han matado mi Bolívar” para significar que, por haberse utilizado indiscriminadamente para otros fines, su nombre ya no significa lo mismo.”

Este es otro de los testimonios que quisiera ofrecer a Congreso de Culturas Silenciadas para testimoniar la performatividad, matices y enfoques que adoptan las estructuras de dominación que pretenden silenciar la cultura venezolana. Unas veces, a través de la destrucción de los archivos y las obras escritas; y otras, a través de la destrucción y banalización de sus símbolos.

Permítaseme recordar un llamado moralizador realizado, en este mismo tenor, por don Guillermo Morón (Expresidente de la Academia de Historia de Venezuela) a propósito de la situación que vivió la Academia de Historia de Caracas hace un tiempo, al expresar que: "la Academia no es una reunión de teóricos y menos aún, como ocurrió en el oscuro y pernicioso periodo de 1995 a 2003, un cenáculo apagado y sin voz ni representación. La Academia tenía y vuelve a tener voz y voto en la cultura, en la historia, en la defensa de los intereses éticos de un pueblo." (Morón, 2004)

Quiero manifestar que me sumo al llamado del Dr. Morón, y me permito recordar nuestra responsabilidad a los ilustres académicos de la Historia del Táchira, porque la voz de los académicos no se ha dejado ni ver ni oír con la denuncia del bibliocidio. No nos olvidemos que deberíamos ser intelectuales orgánicos, y en ese sentido, tenemos la obligación de no pasar agachados en la historia.

Por eso tenemos que reconocer que en parte somos responsables por el BIBLIOCIDIO, porque nuestra actitud no ha sido precisamente la más idónea; incluso quienes hicieron el BIBLIOCIDIO han pasado por las universidades e instituciones culturales. Por eso una vez más la vida raspa a la escuela y a la universidad. Esta tragedia que hoy sufrimos nos la anunciaba Mario Briceño Iragorry, cuando escribió "Pueblo que no aspira a perpetuar sus signos a través de las generaciones futuras es pueblo todavía sin densidad histórica o colectividad ya en decadencia." (Briceño-Iragorry, 1972:79)

El BIBLIOCIDIO nos confirma como un pueblo sin densidad histórica, porque no hemos perpetuado los signos a través de las generaciones futuras; somos un pueblo sin densidad histórica porque no logramos preservar el único legado que nos quedaba. Ni siquiera el hombre de primitivo destruyó sus signos que deban fe su existencia, ahí están en las cuevas de Lascaux; y nosotros, en tan solo una generación hemos destruido las dos piezas más relevantes de la cultura gritense: una, la edificación del antiguo Seminario Kermaria, destruido en la década del ochenta del siglo pasado; y la otra, el BIBLIOCIDIO del Archivo Histórico de Las Grita, que evidenciamos hoy.

Quisiera finalizar con un texto de Samir Sánchez quien manifestaba en una oportunidad: "En este país, brutalmente mnemocida, en el cual si se intentara escrutar, no el rostro, sino tan sólo, algún rastro tangible de sus recuerdos, con seguridad nos perderíamos en una espesa niebla, en una desolación sin nombre. Monumentos, edificaciones históricas, valores humanos y culturales, historia, todo sucumbe cuales muros de Jericó ante el sonido de las trompetas de la incuria, la indiferencia y la desidia."(Sánchez, 2004:60)

BIBLIOGRAFÍA

Bloch, M. (1986) Apología de la Historia o el Oficio de Historiador. Caracas-Barquisimeto:Lola de Fuenmayor - Buría.

Briceño-Iragorry, M. (1990) Obras Completas. Caracas: Comisión Presidencial.

Briceño-Iragorry, M. (1972) Mensaje sin destino. Caracas: Monte Avila.

Brito Figueroa, F. (1993) La Comprensión de la Historia en Marc Bloch. Barquisimeto:Buría.

Cervantes, M. (2004) Don Quijote de la Mancha. Brasil:RAE

Chartier, R. (1999) El Mundo como Representación. Barcelona:Gedisa.

Le Goff, J. (1991) El Orden de la Memoria. Barcelona:Paidós.

Le Goff , J., Nora, P. (1980) Hacer la Historia. Barcelona:Laia.

Lugo Marmignon, Y. (1997) El Becerro de La Grita. San Cristóbal: BATT.

Lugo Marmignon, Y. (2005) “Bibliocidio contra el Libro Becerro de La Grita.” En Conferencia de la Academia de Historia del Táchira, San Cristóbal, 7 de abril de 2005)

Sánchez, S. (2004) Urbs Quadrata. San Cristóbal: UCAT